10-02-2000. Análisis EXTRAORDINARIO del mes de enero del 2000
del Servicio analítico-informativo de la RED VASCA ROJA
Hubo una vez un día, lector, en que las campanas de la Historia comenzaron, lentas, broncíneas, pesadas y majestuosas, a doblar a muerto por el régimen franquista. La señal para el volteo la dieron en Burgos, una fría jornada de diciembre de 1970, un puñado de gudaris, un pequeño grupo de soldados revolucionarios vascos de ETA, cuando puño en alto comenzaron a cantar el Eusko Gudariak, el himno que empieza afirmando "Somos los soldados vascos..." A esa señal fue el pueblo trabajador vasco el que comenzó a doblar esas campanas echándose a la calle, a la manifestación y a la huelga. Hubo ciegos y sordos que ignoraron el doblar de las campanas. Pero el régimen franquista estaba ya, históricamente, muerto. Aunque tardara aún siete años en estarlo legalmente.
Todo el territorio vasco de Euskadi Sur fue entonces campana. La ría bilbaína, los valles guipuzcoanos, los páramos alaveses, las montañas y las bardenas navarras vibraron con el ronco bramido, con el rotundo ruido que producen las mareas de la Historia cuando las desencadena el heroísmo colectivo de un pueblo. Y la muralla de Jericó del sistema de dominación franquista se cuarteó y se rajó y se quebró.
Y se puso en evidencia cómo todo el régimen franquista estaba en crisis. Cómo ya no servían el freno y el bocado.
Primero habla empezado a faltar lo más importante para el bloque de clases dominante: el sistema económico. Porque habla empezado a disminuir la tasa de ganancia. Es cierto que la crisis económica internacional de 1973, la crisis del petróleo, fue el golpe que agravó la situación, que desencadenó la crisis global de la formación social española. Pero las causas del desastre económico (que aún hoy sufrimos) venían de atrás y estaban determinadas por la crisis económica interna que ya a finales de los años sesenta era un hecho gravísimo. El modelo de crecimiento y acumulación de Capital había sido dibujado (y aplicado) a lo bestia. Su salvajismo le permitió conseguir resultados sobre todo para los capitalistas, aunque también quedaran migajas de televisores y "600", de lavadoras y cachivaches para intentar convencer a los explotados de que "les traía cuenta". Pero ese salvajismo contribuyó a hacer del modelo económico un feto contrahecho y malformado.
Nuestros agricultores se habían visto forzados a una absurda ineficacia, incapaces de producir lo que teníamos que comer. Dependíamos del petróleo barato para cubrir nuestras insuficientes fuentes de energía. La industria era un caos. Las pocas industrias avanzadas, capaces de competir en el extranjero, estaban precisamente en manos del Capital extranjero. Los vicios del funcionamiento monopolístico fomentado por el régimen para que unos empresarios rapaces e incompetentes ganasen más, más fácil y más seguro, infectaban a la mayoría de las industrias, enfermas de baja productividad y de incapacidad competitiva. La inmensa mayoría de los obreros trabajaban en pequeñas y medianas empresas, satélites de las grandes, dedicadas prioritariamente a producir bienes de consumo y tremendamente vulnerables a la caída de la capacidad de consumo de la gente. La burguesía del régimen franquista no invertía. Dilapidaba sus ganancias o las colocaba en sucias maniobras de especulación no productiva para la comunidad. Y la imprescindible inversión dependía de que el extranjero enviara capitales para ir comprando España a trozos y a precio de saldo, de que los turistas vinieran y se dejaran divisas y de que Europa contratara a nuestros emigrantes para limpiar sus cloacas y hacer sus faenas sucias pagándolas con divisas que en casa se cuidaban de "captar" las beneméritas Cajas de Ahorro y los diligentes bancos. Las empresas dependían cada vez más de la banca. Y ésta dependía cada vez más de la banca extranjera.
El modelo franquista de crecimiento y acumulación de Capital había ido endeudando más y más a la economía española y haciéndola más y más dependiente de metrópolis extranjeras. La formación social española había ido enganchándose más y más como un eslabón dependiente de la cadena imperialista de Estados. Cuando surgió la crisis internacional sus efectos se multiplicaron en la crisis española, agravándose. De pronto al perro flaco todo se le hicieron pulgas. La tasa de ganancia cayó y cayó y cayó.
Ahí le dolía al bloque de clases dominante. Que sin embargo podría haber resuelto la crisis económica si sólo hubiera fallado la economía. Pero es que, la crisis era una crisis global de la formación social española. A la crisis económica se sumaban la crisis social, la crisis ideológica y la crisis política. Porque al régimen franquista le fallaba el sistema de dominación. Si no hubiera fallado el sistema de dominación el bloque de clases dominante habría podido arreglar la economía. HABRÍA PODIDO REESTRUCTURARLA. Pero al fallar también y a la vez el sistema de dominación, al fallar el freno y el bocado para sujetar al caballo, las cosas se ponían muy, pero que muy difíciles.
El sistema de dominación fallaba porque ya no conseguía hacer las dos cosas que tenía que hacer: mantener dóciles y sumisas a las clases dominadas y resolver los conflictos y contradicciones entre las clases dominantes.
El proceso de Burgos y las movilizaciones populares que produjo demostraron la virulencia que alcanzaba la reivindicación nacional en Euskadi. También había problemas en las otras naciones (Cataluña y Galicia) pero era en Euskadi donde el problema se presentaba más agudamente porque había surgido con fuerza creciente una tendencia nacionalista que integraba la reivindicación nacional con la lucha revolucionaria por el socialismo y que además adoptaba resueltamente la lucha armada como medio de acción. La represión, el viejo tic del sistema de dominación franquista, ya no funcionaba como antes, y por más brutal que fuera -que lo era- en vez de aplastar la rebeldía, en vez de apagarla, la reavivaba en una espiral de acción-represión-acción de radio cada vez más ancho.
La forma en que a lo largo y a lo ancho del Estado español los Sindicatos farsantes oficiales eran incapaces de impedir las huelgas y de que éstas adoptaran el carácter de "salvajes" que hace temblar al Capital (huelgas sin aviso, sin reglas) era preocupante. Demostraba que el sistema de dominación ya no podía sujetar a las clases dominadas y que éstas habían conseguido, de forma clandestina, entorpecida y reprimida pero real, recomponer o crear sus organizaciones propias. Esas clases rechazaban cada vez más la ideología mantenida siempre por el régimen, mostrando que no acababa de calar contra dicha práctica la ideología de repuesto, el "consumismo", por las dificultades de la crisis económica. Los "clásicos" aparatos ideológicos del régimen (Iglesia, Movimiento) perdían clientela e influencia a ojos vistas.
Y además el sistema de dominación se mostraba impotente ya para resolver los conflictos internos del bloque de clases dominante. Como sucede siempre en las sociedades capitalistas, en época de crisis se hacían patentes los intereses contradictorios que enfrentaban entre sí a las clases dominantes aunque estuvieran unidas por su común interés en mantener dominadas a las clases dominadas. Por un lado andaba la oligarquía financiera tradicional, representante del sector de la gran banca privada, que hizo su "agosto" en los años cuarenta y cincuenta beneficiándose de la acumulación de capital hecha por los terratenientes latifundistas. Por otro lado aparecía la oligarquía financiera representante del sector de la gran banca privada ligada al capital extranjero de las metrópolis de la cadena imperialista de Estados (sobre todo norteamericano) y que responda a estrategias e intereses transnacionales, multinacionales. Y una tercera pata del trípode granbancario constituida por la fracción tecnocrática del Opus Dei, representante del sector de la banca por él dominado. Junto a esas tres fracciones del capital financiero había que distinguir dos fracciones del capital industrial: La que dominaba la producción de bienes de equipo, de bienes de producción, ligada a la gran banca privada (y por ello dividida, a su vez, en tres grupos según de quién dependían). Y la fracción del capital industrial que no dependía de la gran banca gracias a tener el apoyo del Estado o el apoyo del capital financiero europeo o por bastarse a sí misma, y que se dedicaba sobre todo a la producción de bienes de consumo y de bienes intermedios. Un ejemplo típico de conflicto de intereses entre las clases dominantes era el que enfrentaba a esta última clase deseosa de poder comprar en el extranjero bienes de equipo de alta calidad y a precios "europeos", con las fracciones del capital financiero interesadas en proteger la venta de bienes de equipo españoles producidos por "sus" fábricas. Conflicto que echaba chispas cada vez que se discutía la política final y aduanera.
Las pequeñas y medianas empresas completaban el cuadro como meros satélites de alguna de las otras dominantes o de varias de ellas a la vez.
El régimen franquista era un régimen capitalista "de excepción" precisamente porque en él las divergencias internas del bloque de clases dominante no se resolvían a través del juego de las instituciones políticas como se hace en los regímenes capitalistas "normales", "democráticos". Durante los años 60 esas divergencias se habían resuelto mal que bien porque había un árbitro que actuaba como tal (el "caudillo") y porque las diversas clases del bloque habían aceptado el reconocimiento que él había hecho de la oligarquía financiera como hegemónica y de la tecnocracia del Opus Dei como representante global de esa oligarquía. Pero desde 1969 la tecnocracia del Opus ya sólo representaba a una fracción de la oligarquía financiera y las otras dos tenían la hegemonía material, económica, Pero no la tenían en el Estado. Y el "caudillo" actuaba cada vez menos como árbitro tanto por pérdida de facultades físicas y mentales como por el hecho de haberse colocado tan por encima de lo divino y de lo humano que era imposible que descendiera a mitad de la pelea y el navajeo.
El problema se resolvió enfriándolo. Congelándolo. Desde las nubes del olimpo franquista bajó un "enviado". Un "delegado" del "caudillo" que, así como el Papa es el Vicario de Cristo en la Tierra, era el Vicario de Franco en el bloque de clases dominante, y ejercía los plenos poderes de Franco en los aparatos del Estado, poniendo así freno a los enfrentamientos de esos aparatos que reflejaban los intereses contradictorios de aquellas clases. Ese Vicario era un almirante de cejas gruesas que prescindió del Opus Dei como núcleo gobernante para impedir el conflicto en los niveles políticos y administrativos. Carrero era la solución. Y las diversas clases dominantes abrieron un margen de confianza al almirante.
Y entonces ETA voló al almirante.
Cuando el almirante Carrero Blanco consiguió, con la imprescindible ayuda de ETA, el récord de ser el primer marino español que efectuó un despegue vertical, al bloque de clases dominante se le cayeron los palos del sombrajo. Resolvió el "vacío de poder" causado por el almirante volador con la ascensión a hegemónico de la fracción de la oligarquía financiera tradicional. Pero todas sus crisis se le amontonaron. La ya grave crisis económica interna vino a agravarse brutalmente por el impacto de la crisis económica internacional, la del petróleo. Y, como esplendorosamente demostraba la voladura de Carrero, su sistema de dominación hacia aguas.
El bloque de clases dominante se enfrentaba con un problema circular, como una pescadilla que se muerde la cola. No podía meterle mano a la crisis económica porque para ello tenía que rehacer y reacomodar su sistema de dominación porque con un sistema de dominación fallón e insuficiente no podía aplicar las duras penalidades a la clase obrera imprescindibles para darle una salida "capitalista" a la crisis. Pero dejar pudrir la crisis económica, intentar capearla a base de endeudarse más aún con prestamos extranjeros y confiar en una pronta recuperación de la economía mundial (que fue lo que hizo el Gobierno) agravaba el problema del sistema de dominación. Porque el aumento de los conflictos sociales le forzaban a usar día tras día la represión policíaca alimentando la espiral acción-represión-acción deteriorando cada vez más la "autoridad" y la eficacia "suave" (disuasorio, preventiva) que todo buen sistema de dominación debe tener. Las huelgas "salvajes", respuesta cada vez más frecuente a la represión, deterioraban a su vez la situación económica. Y así sucesivamente. Y, además, en Portugal hubo una revolución.
En el verano de 1975 el régimen realizó una enloquecida marcha atrás hacia la bestialidad de sus primeros tiempos con una brutal "legislación" llamada "antiterrorista" y con los fusilamientos de setiembre. La heroica respuesta colectiva del pueblo vasco tuvo eco y repetición en una movilización de repulsa internacional casi sin precedentes. Las clases dominantes cuyos intereses exigían la progresiva y rápida integración en Europa se alarmaron.
Y entonces Franco murió.
Una gran mayoría del bloque de clases dominante entendió que había llegado el momento de hacer lo que era ya necesario desde hace años: CAMBIAR EL SISTEMA DE DOMINACIÓN (Esa "gran mayoría" lo era en poder material, en poder económico. En el bloque de clases dominante la mayoría no se establece contando cabezas, sino contando pesetas).
Para realizar ese cambio se empezó por un relevo en la hegemonía en el bloque de clases dominante. La oligarquía financiera ligada al capital extranjero sustituyó como fracción hegemónica a la oligarquía financiera tradicional. Expresión de ese relevo de hegemonía fue el relevo en el núcleo gobernante: Suárez sustituyó a Carlos Arias Navarro en julio de 1976 y los "propagandistas" (los hombres de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas) pasaron a ocupar los puestos que otrora ocuparon opusdeístas.
Por supuesto que no se trataba de hacer libres a las clases dominadas. De lo que se trataba es de conseguir DOMINARLAS MEJOR. Más eficazmente. Más de acuerdo con "la altura de los tiempos". Igualándose a EUROPA. Se trataba de cambiar un sistema de dominación ya inservible e ineficaz por otro más adecuado y suficiente. Y ello para que la herramienta renovada del sistema de dominación modernizado permitiera arreglar el problema fundamental para el bloque de clases dominante: el económico, el de recomponer la tasa de ganancia del Capital. Se trataba de cambiar el freno y el bocado ya viejos y gastados por otros nuevos que sirvieran para sacarle eficazmente jugo al caballo.
Empezó así, lector, la noche del tránsito a la democracia. Una noche en la que todos los gatos eran pardos. Una noche mágica y milagrosa en la que se lavaban biografías como si fueran calzoncillos. En la que al grito escolar de "maricón el último" los fascistas se apresuraban a disfrazarse de demócratas y donde el más tonto hacía relojes. Una noche en la que todos los gatos eran pardos y todos los gatos gatopardos imitadores del príncipe siciliano que ante la revolución burguesa supo entender que era preciso que todo cambiara para que todo siguiera igual.
Esa famosa noche del tránsito a la democracia ha tenido como finalidad fundamental la de implantar un nuevo modelo de acumulación que recompusiera la tasa de ganancia del Capital mediante una doble operación simultánea: la reestructuración de la economía (paro, cierre de empresas, no rentables, etc.) y la domesticación y control de las clases dominadas, sobre todo de la obrera. No hay forma de entender nada, lector, de lo que ha pasado y está pasando en nuestra tierra si no se da uno cuenta de que todo este follón se ha montado para conseguir una finalidad económica y que los cambios políticos se han hecho para conseguir aquélla y porque aquélla los exigía como previos.
Habla que cambiarlo todo para que todo siguiera igual. Habla que cambiar la cáscara, la política, para que siguiera igual (mejor) el dominio del bloque de clases dominantes.
El bloque de clases dominante se dedicó a hacer volar el sistema de dominación franquista. Naturalmente tenía que ser una voladura "controlada". Con unos límites y unas condiciones. Los cambios políticos tenían que cumplir estas condiciones:
Primera.
Mantener un "Estado" fuerte. Incluso reforzado. El nuevo Estado tenía que ser aún más fuerte que el Estado franquista.Segunda.
Vertebrar a la mayoría del bloque dominante alrededor de la fracción hegemónica.Tercera.
Neutralizar a la minoría del bloque dominante partidaria del inmovilismo. (De ahí las desdichas de Fraga y de la gente de EL ALCÁZAR).Cuarta.
Distraer, retrasar, disimular los problemas críticos. Como el de Euskadi por ejemplo.Quinta.
Controlar a las clases dominadas, sobre todo a la obrera. Y hacerlo por medio de interlocutores útiles para el Capital pero que puedan parecer que son representantes de las clases dominadas.¡ATENCIÓN, LECTOR! FÍJATE BIEN EN ESA QUINTA CONDICIÓN. Porque esa es la clave de la transición democrática. Y es también la clave para entender el papel del PSOE.
Esta "otra" historia del PSOE merece la pena que tú y yo le dediquemos tiempo porque es la llave para entender La realidad de nuestro presente, de nuestro inmediato pasado y de nuestro inmediato futuro. Fíjate, lector, en que de las cinco condiciones el bloque dominante tenía en su mano hacer cumplir las cuatro primeras porque se referían a cosas de las que tenía la sartén por el mango. Sólo para la quinta dependía de otros. Sólo para la quinta necesitaba socios el bloque de clases dominante.
Era difícil conseguir esos socios. Tenían que ser parte de las clases dominadas, conocidos y con influencia en ellos. Y dispuestos a traicionarlas. Dispuestos a engañarlas. Dispuestos a hacerlas creer que luchaban por sus intereses mientras que cumplían los deseos y las órdenes del bloque de clases dominante.
El bloque dominante encontró esos socios. Son, escupe lector por favor, el PSOE de Felipe y el PCE de Carrillo.
La Reforma Política tenía como uno de sus fines integrar en las nuevas instituciones políticas (Congreso, Senado Ayuntamientos y Diputaciones "democráticos") a unos representantes legalizados de las clases dominadas que actuaran como interlocutores del Capital. Que permitieran al Capital establecer un diálogo con las organizaciones "mayoritarias" de las clases dominadas (Partidos obreros, Sindicatos), Y A TRAVÉS DE ESAS ORGANIZACIONES CONTROLAR A ESAS CLASES. Disciplinarias, sujetarlas, dominarlas, hacerlas aceptar sacrificios. El Capital premiaría y primaría a las organizaciones que se prestaran a su sucio juego regalándoles bazas para que las clases dominadas mordieran el anzuelo y se encuadraran precisamente en esas organizaciones evitando el peligro (para el Capital) de las aventuras e incertidumbres de la acción obrera espontánea (huelgas "salvajes", espontaneísmo, asambleísmo, etc.). Y, además, el Capital convertiría a esas organizaciones en pieza clave del nuevo sistema de dominación al usarlas para dos fundamentales tareas nuevas. Por un lado esas organizaciones tendrían que actuar como esquiroles y policías, como apoyo y coartada, como cómplices y aplaudidores del poder, para aislar y marginar a los partidos y sindicatos que no se vendieran. El papel del PSOE y del PCE al votar la Ley Antiterrorista y aprobar las Centrales Nucleares son dos ejemplos típicos. El papel de UGT y CCOO para marginar a la CNT y a los sindicatos revolucionarios vasco (LAB), gallego (Intersindical Nacional Galega) canario (Sindicato de Obreros Canarios) y andaluz (Sindicato de Obreros del Campo) es otro ejemplo. Por otro lado esas organizaciones tendrían que actuar como propagandistas de los intereses del Capital dentro de las clases dominadas. Un ejemplo típico es la acción de UGT y CCOO, junto con PSOE y PCE, para difundir la "teoría" de que para resolver la crisis los obreros y empleados tienen que aceptar que sus salarios suban menos que los precios, tienen que aceptar empobrecerse para que el Capital aumente sus beneficios y entonces "se anime" a invertir'.
Ahí tienes, lector, el truco del almendruco. Ahí tienes la estrategia del Capital en el tránsito a la democracia. En las páginas de esta "otra" historia del PSOE vas a ir viendo como el PSOE de Felipe ha ido plegándose dócil y sumiso a la estrategia y la táctica del bloque de clases dominante. Vas a verlo como ha ido sucesivamente desdiciéndose, rectificándose, rebajándose, negándose, disfrazándose, degradándose, hundiéndose en la hedionda traición, en la sumisión al Capital. Vas a verle como ha retrocedido de la ruptura democrática a la ruptura negociada. De la ruptura negociada a la reforma aceptada. Y de la reforma aceptada al pacto social de la Moncloa. Y de ahí al aplauso a la Corona, a la glorificación de la policía torturadora y asesina, a la aprobación de leyes "antiterroristas".
Vas a ver también desfilar a los traidores del PSOE marcando el paso de la oca. Aceptando, aplaudiendo y vitoreando las medidas neofascistas del Estado autoritario típico de la "democracia industrial avanzada" europea, modelo alemán. Vas a verles caérseles la baba ante las supercárceles, los superpolicías (GEOS, UAR), las supertorturas, las superescuchas y los superdelatores premiados con millones de pesetas, los supercontroles telefónicos y electrónicos. Ante todos los siniestros juguetes de las más modernas y sofisticadas dictaduras de la burguesía disfrazadas de democracias parlamentarias.
Así ha sido la noche oscura del tránsito a la democracia ASÍ HA SIDO EL CAMBIO DEL SISTEMA DE DOMINACIÓN. Por eso ha podido el bloque de clases dominante poner manos a la obra de su objetivo fundamental: la reestructuración de la economía, la recuperación de la tasa de ganancia del Capital. Por eso ha podido echar a la calle a dos millones y medio de parados y cerrar miles de empresas.
Si este libro fuera un diccionario ahora habría que poner aquí estas definiciones:
TRÁNSITO (a la democracia). Primera acepción: dícese en el Estado español actual del proceso por el cual el bloque de clases dominante ha cambiado su antiguo y ya inservible sistema de dominación por otro nuevo y más eficaz que le permite controlar mejor a las clases dominadas y resolver mas fluidamente sus crisis de hegemonía. Segunda acepción: dícese del proceso por el cual la dictadura inseparable del sistema capitalista ha cambiado en el Estado español su forma de dictadura de excepción (la franquista) por su forma normal de dictadura (la democracia burguesa). Tercera acepción: dícese en el Estado español de la introducción sistemática de los modos y maneras del Estado autoritario del capitalismo avanzado según el modelo alemán.
Esta historia, lector, que voy a contarte es también, y además de la "otra" historia del PSOE, la historia de dos mitades. Estoy seguro de que más de una vez te ha llegado a los oídos esa coña de las dos Españas. La España azul y la España roja. La España buena y la España mala. La España católica, apostólica y romana y la España atea. La España decente y la indecente. La España elegante y la pringante. La España, en fin, sin más y la "Anti-España". Unos versos claudicantes de Machado se citan siempre, los de españolito-que-vienes-al-mundo-te-guarde-Dios-una-de-las-dos-Españas-ha-de-helarte-el-corazón-.
Has leído bien. Un poco más arriba he escrito "esa coña de las dos Españas". Porque es una coña. Peligrosísima, claro. Porque es uno de los éxitos más rotundos de la labor propagandística, embustera y desorientadora de los aparatos ideológicos del bloque de clases dominante. Porque han conseguido que esa idea de la España partida en dos se complete con la gran mentira que supone decir "partida en dos mitades".
Siendo la formación social española una sociedad de clases es inevitable que se encuentre dividida en dos bandos: el de los explotadores y el de los explotados. El bloque de clases dominante y el bloque de clases dominadas. La trampa ideológica consiste en partir de ese hecho cierto y evidente para luego deformarlo y desfigurarlo añadiendo que la división es en dos mitades. EL FUNDAMENTAL DISIMULO CONSISTE EN OCULTAR QUE PARA CONTAR EL BLOQUE DE CLASES DOMINANTE BASTA CON CONTAR EN MILES, A LO SUMO EN DECENAS DE MILES, MIENTRAS QUE PARA CONTAR LAS CLASES DOMINADAS HAY QUE USAR LAS DECENAS DE MILLONES.
La coña de las dos Espadas, de la España dividida en dos mitades, es también una moda introducida por el famoso tránsito a la democracia. Durante el régimen franquista la copia era otra. La copla era la de la España UNA en la que solo rompían la unidad "de los hombres y las tierras de España" unos puñados de alucinados embaucados por la siniestra conspiración judeo-masónica aliada con los rojo-separatistas. La doctrina oficial sostenía que esos puñados eran casi nada, unos flecos, una hez, una gentuza, pocos, poquísimos, casi ningunos, ningunísimos. Con el tránsito famoso hubo que abandonar por inservible e increíble esa doctrina. Hubo que abandonar el inútil intento de negar la lucha de clases, la estúpida pretensión de afirmar que no había "ni derechas ni izquierdas".
Los aparatos ideológicos del bloque de clases dominante pusieron en circulación dos intentos diferentes de nueva explicación. Uno, el más burdo pero también el más insistentemente voceado, consistió en disfrazar a la derecha de centro. El otro, más sutil y más inteligente, consistió en desenterrar la vieja teoría de las dos mitades.
Y así unos días después de las elecciones del 15 de junio de 1977 se hizo el aspaviento. ¡Qué tremendo! ¡Qué inútil sacrificio de un millón de muertos y treinta y ocho años de dictadura para repetir el resultado de las elecciones de febrero de 1936! Se recordó que en febrero de 1936 los votos emitidos presentaron una República partida casi exactamente en dos mitades: un 48 % de votos para la izquierda (4.870.000) y un 46 % para las derechas (4.540.000). Y que los resultados del 15 de junio de 1977 reproducían asombrosamente esa división: 47 % de votos para la izquierda (8.385.000) y 45 % para las derechas (7.986.000).
….
Ese volumen de votos de la izquierda sorprendió no solo a SUÁREZ y a sus gentes (en "LA ESPAÑA QUE BOSTEZA" de Juan Luis Cebrián se cuenta cómo Osorio, la noche de las elecciones de junio del 77, clamaba abrumado "Hemos entregado la mitad del país a la izquierda" y hay diversos testimonios de como las previsiones del Gobierno daban entre el 65 y el 75 % de los votos a la suma de UCD y AP), sino, lo que es mucho más grave, a Felipe y a Guerra.
Hasta aquí llega la transcripción de parte de mi texto El 27 Vendimiario de Felipe González (Historia de una traición). Sólo quiero añadir ahora dos cosas:
Primera. Que esas dos "divisiones en dos mitades" (la de 1936 y la de 1976) son engañosas y distorsionadas. Distorsionadas por el hecho de producirse DENTRO de una sociedad capitalista. Como Trotsky genialmente avisara sobre los cortes electorales parlamentarios de sociedades parlamentarias: "ése es un espejo deformante. La representación parlamentaria de una clase oprimida está considerablemente por debajo de su fuerza real, E INVERSAMENTE, LA REPRESENTACIÓN DE LA BURGUESÍA, INCLUSO UN DÍA ANTES DE SU CAÍDA, SERÁ SIEMPRE LA MASCARADA DE SU FUERZA IMAGINARIA Sólo la lucha revolucionaria deja al desnudo la verdadera correlación de fuerzas, barriendo todo lo que pueda ocultarla. En la lucha directa e inmediata por el poder, el proletariado desarrolla una fuerza infinitamente superior a su expresión en el parlamento, siempre a condición de que no le paralicen un sabotaje interno, el austromarxismo u otras formas de traición" (Trotsky: ¿Y ahora? Problemas vitales del proletariado alemán, folleto escrito el 25 de enero de 1932, publicado originalmente en ruso en Berlín, 1932, bajo el título de La revolución alemana y la burocracia stalinista. Cito de la traducción española de Mariano Fernández Enguita y Jesús Pérez Magallón, publicada con la de otros folletos de Trotsky en 1980 en Barcelona por Editorial FONTAMARA con el título La lucha contra el fascismo. El proletariado y la revolución, página 95)
Un poco más arriba figura un párrafo mío de 1981 que aplicaba esa enseñanza de Trotsky. El que dice: Siendo la formación social española una sociedad de clases es inevitable que se encuentre dividida en dos bandos: el de los explotadores y el de los explotados. El bloque de clases dominante y el bloque de clases dominadas. La trampa ideológica consiste en partir de ese hecho cierto y evidente para luego deformarlo y desfigurarlo añadiendo que la división es en dos mitades. EL FUNDAMENTAL DISIMULO CONSISTE EN OCULTAR QUE PARA CONTAR EL BLOQUE DE CLASES DOMINANTE BASTA CON CONTAR EN MILES, A LO SUMO EN DECENAS DE MILES, MIENTRAS QUE PARA CONTAR LAS CLASES DOMINADAS HAY QUE USAR LAS DECENAS DE MILLONES
En mi análisis de la semana del 2 al 8 de marzo de 1998 se incluye una aplicación de esa ley sociológica e histórica marxista. Hay un apartado de ese análisis que se titula Pueblo Vasco y Pueblo Trabajador Vasco. La estructura de clases del Sur de Euskal Herria en los años 90 del Siglo XX. En el que se contiene la siguiente cuantificación:
Segunda. Como ya he indicado esa mi teoría sobre la España contemporánea es un texto de febrero de 1981. Otros textos míos prolongan el análisis hasta fechas posteriores. Por ejemplo: 1) "Los ángeles son hermafroditas", (Ponencia para el debate de HB sobre la participación en las instituciones), en HERRI BATASUNA: Instituzioei buruzko eztabaida, Herri Batasuna, s.l., 1983 pp. 2336. (coautor con Margarita Ayestaran).; y 2) El PSOE de Felipe González 19741988: del socialismo revolucionario marxista al neofranquismo sociológico", en Tasio Erkizia et alii: Euskadi la renuncia del PSOE, Editorial Txalaparta, Bilbao, 1988. pp. 153-202. Confío en tener próximamente tiempo para prolongar sistemáticamente el texto de 1981 y completar mi teoría de la España contemporánea hasta el 2000.
Y ahora es ya tiempo de ir a la recopilación de datos y textos españoles precisamente referidos a la España de 1999.
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